Los lagares canarios se han utilizado durante siglos para elaborar vino. Son una parte importante de la cultura e historia de las Islas Canarias.
El lagar se utiliza para prensar la uva, manzanas o incluso aceitunas con el fin de crear vino, sidra o aceite.
Cabe destacar que, en aquel entonces, cuando se introdujo la viña en Canarias, no era tan popular el pisado, sino el uso de lagares que llegaron a tener su propia estructura en el archipiélago de Canarias, teniendo hoy un gran valor etnográfico y cultural.
Un lagar está hecho de mampostería y maderas pesadas, generalmente de pino. Presenta una variada tipología, desde tanquetas excavadas en la roca, con o sin barrizal, a almacenes comunicados para el depósito del mosto.
El modelo más común en las Islas Canarias estaba constituido por una tanqueta, hecha en mampostería ordinaria, donde se pisaba y prensaba la uva, una tina, donde se recogía el mosto, y una enorme viga para el prensado que se apoyaba en su parte delantera en un tornillo largo de madera (llamado husillo) que va acoplado a la piedra de lagar en la parte inferior y “atornillado” a la viga en la parte superior. El husillo solía estar hecho de madera de barbusano.
Se consiguió así un mecanismo móvil que ejercía con su peso la presión de la máquina.
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Estamos en la zona de la bodega y el lagar del Caserío. Esta estancia, donde se prensaba la uva, se ha convertido en un espectacular salón-cocina con TV de pantalla plana y totalmente equipada. El Lagar cuenta con muros de piedra y dos habitaciones donde los huéspedes de esta actual casa rural disfrutan de una estancia agradable y original. En su interior aún se conserva la piedra del lagar, donde actualmente se encuentra la cocina.
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