José Tabares con su mujer en la plaza el cristo

Tabares Bartlett, antiguo dueño del Caserío el Boquerón, es uno de los mejores poetas del realismo ochocentista de la poesía canaria.

Nació en Santa Cruz de Tenerife el 9 de diciembre de 1850. Se casó en La Laguna el 15 de octubre de 1875, con doña María de los Dolores Tabares y Nava, con quien tuvo dos hijos don Juan y don Alonso.

José Tabares con su mujer en la plaza el cristo
José Tabares con su mujer en la plaza del Cristo. Fuente: lalagunaahora.com

Fue gentilhombre de cámara de Alfonso XIII y comendador de número de la orden de Carlos III. La Real Sociedad Económica de Amigos del País de Tenerife lo nombra vicedirector en diciembre de 1892, y miembro honorario en 1918. Fue alcalde de La Laguna y diputado provincial en varias ocasiones.

Falleció el 23 de septiembre de 1921 en La Laguna. En unos de sus rincones favoritos se erigió un busto de bronce a su memoria, grabando en el pedestal el segundo cuarteto de su soneto “Mi retrato”. Este busto se encuentra en la plaza de la Junta Suprema de La Laguna.

Busto de José Tabares Bartlett

Según el discurso de Bernardo Benítez de Lugo en el homenaje realizado en el Ateneo de La Laguna: “José Tabares Bartlett era un poeta tinerfeño, inspirado, patriota, dotado de sentimientos delicados y de un alma sensible; y un segundo, el objeto que describe y al que canta, es, a su patria, a Tenerife, a esta isla privilegiada, excepcional en el mundo y que tantas bellezas y maravillas atesora […]

Influencias poéticas

Su poesía atravesó varias épocas iniciándose con una fuerte influencia del poeta Viana, en obras como “Bosquejo poético sobre la conquista de Canarias” (1881); “Poesías” (1896) y “Ritmos” (1918). Más adelante títulos como “La Caza” (1908) y “Trompos y cometas” (1911) buscan una mayor perfección. En su última etapa asumió las nuevas corrientes rubenianas y dio a conocer, entre otros, “Versos íntimos”.

Además altamente influenciado por el poema Canarias, de Nicolás Estévanez, adopta los rasgos del paisaje isleño.

 

Caserío el Boquerón: vestigios de su vida

Aquí vivió José Tabares Bartlett, donde describe en sus textos los paisajes canarios, sus cerros y tradiciones. En el Caserío se puede encontrar enclaves donde se sentaba a buscar la inspiración observando el paisaje del lugar.

Esta finca fue propiedad de su mujer María de los Dolores Tabares y Nava (1856 – 1952). En la siguiente foto se aprecia la piedra desde la que el poeta contemplaba el Valle de Guerra.

Piedra Jose Tabares Bartlett
Foto de la piedra donde se sentaba Jose Tabares Bartlett

Su obra poética

Algunos de sus poemas fueron “Bosquejo poético sobre la conquista de Canarias, y un romance” (1881); “Poesías” (1896) y “Ritmos” (1918). El poema “La Caza” escrito en 1907 está considerado por la crítica como uno de los mejores de Tabares Bartlett. Valbuena Prat expresó: “El más interesante poeta del grupo regional es José Tabares Bartlett, por poseer una obra más variada, y, al fin de ella, penetrar en la nueva concepción lírica del paisaje canario”.

Don José Tabares era temperamento de sensibilidad exquisita, hombre de afectos, característica personal que late a través de su producción lírica, mayormente en los versos de motivos íntimos. Entre sus obras, destaca en “Poesías” (1896) los versos dedicados a su difunto hijo, donde la fe sobrenatural consuela al poeta y pone de relieve cuánto amaba a su hijo.

“La Caza”, poema escrito en 1907 y publicado en 1908, demuestra el dominio pleno que del paisaje isleño posee este poeta. En la nota preliminar del poema; muestra la confesión de su insularismo: «Confieso que soy un enamorado persistente de las costumbres y usos de mi tierra, de todo aquello que constituye su carácter distintivo; de las aficiones que despierta su naturaleza en la vida regional, y de cuanto alienta y palpita en su seno. Más atrayentes para mí cuanto de más lejos viene su espíritu étnico en alas del tiempo a través de ignotas generaciones»*”. El argumento del poema es el ejercicio de la caza, donde el poeta describe, además, el paisaje en que ésta se desenvuelve, y evoca, doliente, la memoria de la raza guanche, recuerdo que le sugieren las cuevas de «atezadas bocas», viviendas troglodíticas de los primitivos habitantes de Tenerife. He aquí cómo esboza el paisaje.

“La árida costa ensánchase a los ojos con sus quiebras y abrojos, entre sirtes rompiéndose y en picachos las enarcadas olas con coraje, recomando de encaje a las playas desiertas sus penachos”

El paisaje de la Punta del Hidalgo, recreado por el arte fino de Tabares, es de las mejores obras. Versa sobre el insularismo, y consta de endecasílabos, tan bien construidos y tan fragantes:

"Campo risueño de feraz llanura, saliente al mar que azota su ribera, con pétreos montes de gallarda altura dominando la zona costanera. Allí la brisa es suave, oxigenada, a un tiempo huele a hinojos y a mariscos, esparce efluvios de la mar salada y las esencias de los altos riscos. Alli es radiante el sol, quiebra su lumbre en la hondonada cóncava y sombría, y al asomar en la empinada cumbre baña el paisaje en luz y poesía. Escúchanse los hatos baladores en vertientes, ribazos y cañadas, y graznido de cuervo en los alcores, y el silbo del pastar en las majadas. Hay belleza en el cuadro: es un exilio de placidez el rústico paraje, despierta sensaciones del idilio y el encanto brutal de lo salvaje".

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